Caídas en el adulto mayor: factores de riesgo, consecuencias y estrategias de prevención en el hogar.

Por : Kathleenn Ackermann

AckerCare – Home Health Services

Artículo educativo basado en evidencia científica

Introducción

Una caída en una persona mayor puede parecer un accidente aislado: un tropiezo, una pérdida momentánea del equilibrio o un obstáculo en casa. Sin embargo, detrás de ese episodio pueden coexistir diferentes factores relacionados con la movilidad, la fuerza muscular, el estado de salud, los medicamentos y las características del entorno. Por esta razón, las caídas no deberían entenderse simplemente como una consecuencia inevitable del envejecimiento.

A nivel mundial, las caídas constituyen un importante problema de salud pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que aproximadamente 684.000 personas mueren cada año como consecuencia de una caída y que cerca de 37,3 millones de episodios tienen una gravedad suficiente para requerir atención médica. Aunque pueden ocurrir a cualquier edad, las mayores tasas de mortalidad relacionadas con caídas se presentan en personas mayores de 60 años.[1]

En el adulto mayor, las consecuencias pueden ir mucho más allá de la lesión inicial. Una caída puede comprometer la movilidad, la independencia funcional y la calidad de vida y, en algunos casos, aumentar la necesidad de cuidados posteriores.[1,2] Comprender qué factores contribuyen al riesgo permite abandonar la idea de que “caerse es normal por la edad” y plantear una pregunta más útil: ¿qué está aumentando el riesgo de esta persona y sobre qué podemos intervenir?

En este artículo revisaremos los principales factores asociados con las caídas en el adulto mayor, sus posibles consecuencias y las estrategias de prevención que cuentan con respaldo científico, con especial atención al entorno domiciliario.

¿Por qué las caídas son importantes en el adulto mayor?

Una caída se define como un evento involuntario en el que una persona termina en el suelo, piso u otro nivel inferior.[1] Su importancia, sin embargo, no depende únicamente del golpe o de la lesión que pueda producir en ese momento.

Las consecuencias pueden incluir fracturas, dolor, pérdida de confianza, disminución de la movilidad y pérdida de independencia.[2,3] Por esta razón, una caída puede convertirse en un acontecimiento que modifica de manera importante la funcionalidad y la calidad de vida de una persona mayor.

Además, una caída no debería analizarse solamente como un accidente aislado. En algunos casos puede ser la expresión de factores que necesitan identificarse: alteraciones de la marcha o el equilibrio, disminución de la fuerza muscular, problemas visuales o cognitivos, determinadas condiciones clínicas, medicamentos o riesgos presentes en el entorno.[2,3]

Reconocerlos cambia el enfoque. En lugar de asumir que las caídas forman parte inevitable del envejecimiento, podemos preguntarnos por qué ocurrió y cuáles de esos factores pueden modificarse.

¿Por qué ocurre una caída? Un problema multifactorial.

Las caídas en las personas mayores rara vez pueden explicarse por un único factor. Con frecuencia, el riesgo surge de la interacción entre las características de la persona, sus condiciones de salud, los medicamentos que utiliza y el entorno en el que desarrolla sus actividades cotidianas.[2,3]

Pensemos, por ejemplo, en un pequeño desnivel dentro de una vivienda. Puede representar poco riesgo para alguien con buena movilidad, fuerza y visión. Ese mismo obstáculo puede adquirir mayor importancia cuando existen dificultades de equilibrio, alteraciones visuales, debilidad muscular o efectos relacionados con determinados medicamentos.

Por eso, identificar un peligro en el entorno es solamente una parte de la evaluación. También necesitamos comprender quién está expuesto a ese peligro y en qué condiciones.

Las guías internacionales recomiendan que las personas con mayor riesgo sean evaluadas de manera multifactorial, considerando los diferentes dominios que pueden contribuir a una caída y orientando las intervenciones hacia los factores modificables identificados en cada caso.[2,3]

De manera general, podemos organizarlos en tres grandes grupos: factores relacionados con la persona y sus condiciones clínicas, factores relacionados con los medicamentos y factores ambientales o del entorno.

Factores relacionados con la persona

El riesgo puede aumentar cuando existen cambios en la capacidad física, sensorial, cognitiva o funcional. Estos factores no actúan necesariamente de manera aislada y su presencia tampoco significa que una caída vaya a ocurrir. Son piezas que, consideradas en conjunto, permiten comprender mejor el riesgo individual.[2,3]

Marcha, equilibrio y fuerza muscular

Las alteraciones de la marcha y del equilibrio, junto con una disminución de la fuerza muscular, forman parte de los principales aspectos que deben evaluarse en una persona mayor con riesgo de caídas.[2,3]

Mantener la estabilidad al caminar, levantarse de una silla, girar o superar pequeños desniveles requiere la participación coordinada de diferentes capacidades físicas. Por ello, una valoración no debería limitarse a preguntar si la persona se ha caído anteriormente. Observar su movilidad, equilibrio y capacidad funcional puede aportar información relevante para identificar dificultades sobre las que sea posible intervenir.[2,3]

Visión y otros cambios sensoriales

La visión participa en la orientación y en el reconocimiento de obstáculos y cambios del entorno. Las alteraciones visuales forman, por tanto, parte de los factores que deben considerarse durante una evaluación integral.[2,3]

Identificar un problema visual, sin embargo, no significa que cualquier cambio en la prescripción de lentes vaya a reducir automáticamente las caídas. La intervención debe dirigirse al problema encontrado y considerar las necesidades particulares de la persona.[2]

Cognición

Desplazarnos de manera segura también requiere procesos cognitivos como atención y funciones ejecutivas. Por esta razón, el deterioro cognitivo y algunas enfermedades neurológicas deben considerarse dentro de una evaluación multifactorial.[2,3]

Esto no significa que una persona con deterioro cognitivo necesariamente vaya a caer. Significa que la cognición puede formar parte de un conjunto de factores que modifican su vulnerabilidad y que debe analizarse junto con su movilidad, medicamentos, condiciones clínicas y entorno.

Factores cardiovasculares, mareo e hipotensión ortostática

Algunas caídas pueden estar relacionadas con síntomas o alteraciones cardiovasculares. Las guías recomiendan explorar antecedentes de mareo, episodios de pérdida transitoria de conciencia y otros síntomas cardiovasculares, además de valorar la presión arterial en diferentes posiciones cuando corresponda.[2,3]

Entre los aspectos que merecen atención se encuentra la hipotensión ortostática, una disminución de la presión arterial que puede presentarse al pasar de estar acostado o sentado a ponerse de pie. Puede acompañarse de mareo, debilidad, visión borrosa o incluso pérdida de conciencia y relacionarse con diferentes condiciones clínicas, deshidratación, alteraciones autonómicas o determinados medicamentos.[2]

Aquí el objetivo no es solamente reconocer el síntoma, sino preguntarnos qué lo está produciendo.

Fragilidad y capacidad funcional

La fragilidad también debe considerarse al valorar el riesgo.[3] En geriatría, este concepto no significa simplemente “ser mayor” o “estar débil”, sino un estado de mayor vulnerabilidad relacionado con una menor reserva fisiológica frente a diferentes situaciones de estrés.

Conocer cómo se desenvuelve una persona en sus actividades cotidianas ayuda a identificar dificultades que podrían estar aumentando su riesgo. Una vez más, el objetivo no es observar solamente una enfermedad o un síntoma aislado, sino comprender a la persona en conjunto.

Medicamentos y polifarmacia: un factor que también debe revisarse.

Los medicamentos constituyen otro componente importante en la valoración. Sin embargo, no todos afectan el riesgo de la misma manera y utilizar varios medicamentos no significa, por sí solo, que una persona vaya a sufrir una caída.

Una revisión clínica puede considerar qué medicamentos utiliza la persona, sus dosis, posibles efectos adversos, interacciones y si cada tratamiento continúa siendo apropiado.[2,3]

Algunos medicamentos se conocen en la literatura como FRIDs (Fall-Risk-Increasing Drugs), término utilizado para describir fármacos que pueden incrementar el riesgo de caídas.[4] Entre los grupos que requieren especial consideración se encuentran determinados medicamentos que actúan sobre el sistema nervioso central, como algunos psicotrópicos. Dependiendo del fármaco y de la persona, efectos como sedación, somnolencia, mareo o alteraciones de la coordinación pueden contribuir al riesgo.[3,4]

También deben considerarse tratamientos que puedan favorecer disminuciones de la presión arterial o hipotensión ortostática en determinadas personas.[2] Esto no significa que sean medicamentos inapropiados ni que deban evitarse de manera general. Su beneficio clínico puede ser fundamental.

La polifarmacia, comúnmente definida en investigación como el uso simultáneo de cinco o más medicamentos, también forma parte de esta valoración. No obstante, el número de fármacos no debe analizarse aisladamente: importa cuáles se utilizan, por qué son necesarios y cuáles son las características clínicas de la persona.[2,3]

En Colombia también se ha estudiado esta relación. Un estudio de casos y controles publicado en 2024, realizado en adultos de 65 años o más hospitalizados en cuatro instituciones colombianas, encontró asociaciones entre las caídas hospitalarias y diferentes factores relacionados con la medicación, incluida la exposición a medicamentos considerados de riesgo y una mayor carga anticolinérgica.[5]

Es importante interpretar ese hallazgo dentro de la población estudiada: encontrar una asociación en adultos mayores hospitalizados no significa que podamos generalizar automáticamente el resultado a todos los adultos mayores colombianos.

Importante: identificar un medicamento asociado con mayor riesgo de caídas no significa que deba suspenderse. Cualquier revisión o modificación del tratamiento debe realizarse con el profesional de salud responsable, considerando los beneficios, los riesgos y las necesidades particulares del paciente.[2,3]

Cuando el hogar también forma parte del riesgo.

El entorno donde una persona desarrolla sus actividades cotidianas también puede influir. Una iluminación insuficiente, superficies irregulares o resbaladizas, obstáculos en zonas de circulación, escaleras inseguras o ausencia de apoyos cuando son necesarios son algunos de los elementos que pueden contribuir a una caída.[2,3]

Sin embargo, un mismo entorno no representa el mismo riesgo para todas las personas.

Una característica de la vivienda que puede pasar inadvertida para alguien con buena movilidad y equilibrio podría adquirir mayor importancia en una persona con alteraciones visuales, debilidad muscular o dificultades para caminar. Por ello, evaluar el hogar significa observar tanto sus características como las capacidades y necesidades de quien vive en él.[2]

Y modificar el entorno no es solamente una recomendación basada en sentido común. Una revisión Cochrane publicada en 2023, que reunió 22 estudios con 8.463 adultos mayores que vivían en la comunidad, encontró que las intervenciones dirigidas a identificar y reducir peligros dentro del hogar probablemente disminuyen la tasa de caídas, con un beneficio especialmente evidente cuando se dirigen a personas con mayor riesgo.[6]

Esto nos recuerda que adaptar una vivienda va más allá de seguir una lista universal de recomendaciones. La pregunta vuelve a ser individual: ¿qué elementos de este entorno representan un riesgo para esta persona?

Las consecuencias pueden ir más allá de una fractura

Las consecuencias de una caída pueden variar ampliamente. Algunas no producen lesiones importantes, mientras que otras pueden ocasionar fracturas, traumatismos craneales u otras lesiones que requieren atención médica. En las personas mayores, estas lesiones pueden repercutir sobre la movilidad, la capacidad para realizar actividades cotidianas y la independencia funcional.[1-3]

Pero las consecuencias no siempre son únicamente físicas.

Después de una caída puede aparecer preocupación o miedo a volver a caer. Ese temor puede llevar a algunas personas a limitar actividades que anteriormente realizaban con normalidad.[2,7]

La evidencia ha relacionado el miedo a caer con restricción de actividades, peor función física y menor calidad de vida en personas mayores.[7] Por eso, después de una caída también importa preguntar cómo se siente la persona y cómo el episodio ha cambiado su manera de desenvolverse.

Una caída, por tanto, no debería evaluarse únicamente por la presencia o ausencia de una fractura. Comprender sus consecuencias físicas, funcionales y emocionales permite adoptar una visión más integral de la recuperación y de la prevención de nuevos episodios.

¿Qué podemos hacer para prevenir las caídas?

Muchas caídas pueden prevenirse, pero no existe una única medida adecuada para todas las personas. La prevención comienza por identificar los factores presentes en cada caso y actuar, cuando sea posible, sobre aquellos que pueden modificarse.[2,3]

Trabajar el equilibrio y la capacidad funcional

El ejercicio constituye una de las estrategias con mayor respaldo científico para prevenir caídas en adultos mayores que viven en la comunidad. Una revisión Cochrane que reunió 108 ensayos clínicos aleatorizados y 23.407 participantes encontró evidencia de alta certeza de que los programas de ejercicio reducen la tasa de caídas.[8]

Los programas centrados en equilibrio y actividades funcionales mostraron beneficios, y los programas que combinan diferentes tipos de ejercicio también pueden ser útiles.[8] Su elección y progresión deben adaptarse a la capacidad física, las condiciones de salud y el nivel de riesgo de cada persona.

Evaluar y adaptar el entorno

Identificar obstáculos y características del hogar que puedan representar un riesgo permite dirigir las modificaciones hacia necesidades concretas. Pueden valorarse la iluminación, las superficies y zonas de circulación, las escaleras, los apoyos disponibles y otros elementos que interfieran con un desplazamiento seguro.[2,3]

Las intervenciones destinadas a reducir peligros domiciliarios cuentan con evidencia favorable, especialmente cuando se dirigen a personas con mayor riesgo.[6]

Revisar los medicamentos

Una revisión estructurada de la medicación puede identificar tratamientos que podrían estar contribuyendo al riesgo. Esto incluye valorar la indicación, la dosis, posibles efectos adversos e interacciones.[2,3]

Revisar no significa suspender automáticamente. Cualquier ajuste debe realizarse de manera individual con el profesional responsable.

Valorar la visión, los pies y el calzado

Los problemas visuales, determinadas alteraciones de los pies y las características del calzado también pueden formar parte del riesgo.[2,3] Identificarlos permite intervenir sobre dificultades concretas en lugar de aplicar recomendaciones generales que quizá no sean necesarias para todas las personas.

Investigar síntomas y condiciones clínicas

Una caída recurrente, inexplicada o acompañada de síntomas como mareo o pérdida transitoria de conciencia merece una valoración que permita identificar posibles factores subyacentes.[2,3]

Alteraciones cardiovasculares, hipotensión ortostática, problemas neurológicos y otras condiciones pueden requerir un abordaje específico. Nuevamente, prevenir no consiste solamente en observar que ocurrió una caída, sino en intentar comprender por qué ocurrió.

Una prevención adaptada a cada persona

En quienes presentan mayor riesgo, las guías internacionales recomiendan una evaluación multifactorial seguida de intervenciones dirigidas a los factores modificables identificados.[2,3]

Por eso, la prevención no consiste en aplicar la misma lista a todos los adultos mayores. Debe considerar movilidad, equilibrio, condiciones clínicas, medicamentos, cognición, visión y entorno.

La pregunta más útil no siempre es “¿qué debemos cambiar?”, sino “¿qué está aumentando el riesgo de esta persona en particular?”

¿Cuándo una caída requiere atención médica?

No todas las caídas producen una lesión grave, pero algunas circunstancias requieren valoración médica o atención urgente. Después de una caída es importante observar no solamente las lesiones visibles, sino también cómo ocurrió el episodio y si aparecen cambios en el estado general.

Se debe buscar atención médica ante signos como pérdida de conciencia, confusión nueva o alteración del estado de alerta, convulsiones, vómitos después de un golpe en la cabeza, dolor de cabeza persistente, debilidad u otros cambios neurológicos. También requieren valoración situaciones como dolor intenso, deformidad, incapacidad nueva para caminar o utilizar normalmente una extremidad, sangrado importante o sospecha de fractura.[9]

Una caída precedida por pérdida transitoria de conciencia, dolor en el pecho u otros síntomas que hagan pensar en una posible causa médica también requiere valoración. En estos casos, además de identificar posibles lesiones, es importante investigar qué pudo provocar el episodio.[2,3]

Debe prestarse especial atención cuando se produce un traumatismo en la cabeza en una persona que utiliza determinados medicamentos anticoagulantes o antiagregantes, ya que estos pueden modificar el riesgo y la necesidad de evaluación después del traumatismo.[9] La ausencia de una lesión visible no siempre permite descartar una complicación.

Ante señales de alarma o dudas sobre la gravedad de una lesión, debe solicitarse valoración profesional.

Conclusión

Una caída en una persona mayor no debería asumirse simplemente como una consecuencia inevitable de la edad. Detrás de un episodio pueden coexistir alteraciones de la movilidad o el equilibrio, condiciones clínicas, medicamentos y características del entorno que, al interactuar, modifican el riesgo de cada persona.

La evidencia disponible muestra que existen estrategias capaces de contribuir a la prevención. El ejercicio orientado al equilibrio y la capacidad funcional, la identificación de peligros en el hogar, la revisión de medicamentos y la valoración de factores clínicos modificables forman parte de un abordaje que debe adaptarse a las necesidades individuales.

Prevenir no significa eliminar por completo la posibilidad de una caída. Significa reconocer el riesgo, intervenir sobre aquello que puede modificarse y favorecer que la persona conserve, tanto como sea posible, su movilidad, seguridad e independencia.

En el cuidado de una persona mayor, una caída no debería generar únicamente la pregunta “¿se lastimó?”. También puede ser una oportunidad para preguntarnos: “¿por qué ocurrió y qué podemos hacer para disminuir la posibilidad de que vuelva a suceder?”

Referencias

1. World Health Organization. Falls. Geneva: World Health Organization; 2021. Disponible en: https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/falls

2. Montero-Odasso M, van der Velde N, Martin FC, et al. World guidelines for falls prevention and management for older adults: a global initiative. Age Ageing. 2022;51(9):afac205. doi:10.1093/ageing/afac205.

3. National Institute for Health and Care Excellence. Falls: assessment and prevention in older people and in people 50 and over at higher risk. NICE guideline NG249. London: NICE; 2025.

4. Seppala LJ, Petrovic M, Ryg J, et al. STOPPFall (Screening Tool of Older Persons Prescriptions in older adults with high fall risk): a Delphi study by the EuGMS Task and Finish Group on Fall-Risk-Increasing Drugs. Age Ageing. 2021;50(4):1189-1199. doi:10.1093/ageing/afaa249.

5. Machado-Duque ME, Camacho-Arteaga L, Sabaté M, Vidal-Guitart X, Machado-Alba JE. Falls in hospitalized older adults and the use of fall risk-increasing drugs and anticholinergic medications in Colombia: a case-control study. Front Pharmacol. 2024;15:1369200. doi:10.3389/fphar.2024.1369200.

6. Clemson L, Stark S, Pighills AC, Fairhall NJ, Lamb SE, Ali J, Sherrington C. Environmental interventions for preventing falls in older people living in the community. Cochrane Database Syst Rev. 2023;3(3):CD013258. doi:10.1002/14651858.CD013258.pub2.

7. Schoene D, Heller C, Aung YN, Sieber CC, Kemmler W, Freiberger E. A systematic review on the influence of fear of falling on quality of life in older people: is there a role for falls? Clin Interv Aging. 2019;14:701-719. doi:10.2147/CIA.S197857.

8. Sherrington C, Fairhall NJ, Wallbank GK, Tiedemann A, Michaleff ZA, Howard K, et al. Exercise for preventing falls in older people living in the community. Cochrane Database Syst Rev. 2019;1:CD012424. doi:10.1002/14651858.CD012424.pub2.

9. National Institute for Health and Care Excellence. Head injury: assessment and early management. NICE guideline NG232. London: NICE; 2023.

Sobre este artículo

Este contenido tiene fines educativos e informativos y está basado en literatura científica y guías clínicas disponibles al momento de su elaboración. No sustituye una valoración médica individual, un diagnóstico ni un tratamiento indicado por un profesional de la salud.

Revisión y actualización: AckerCare revisa periódicamente sus contenidos educativos con el objetivo de incorporar nueva evidencia científica y recomendaciones clínicas relevantes.

Autor

  • Kathleenn Ackermann (Ackerkath) | Autora en AckerCare Home Health Services

    Kathleenn Ackermann, conocida en redes sociales como Ackerkath, es creadora de contenido digital enfocado en salud, bienestar, entrenamiento, crecimiento personal, fe y disciplina.
    Es auxiliar de enfermería y auxiliar de farmacia, y actualmente continúa su formación académica como estudiante de Terapia Respiratoria y Medicina. Forma parte del equipo de AckerCare – Home Health Services como embajadora digital y creadora de contenido, participando en el desarrollo de contenidos educativos, comunicación digital y presencia de la marca en medios digitales.
    Como autora del blog de AckerCare, desarrolla artículos educativos sobre prevención, cuidado domiciliario, bienestar y seguridad del paciente. Sus contenidos son elaborados mediante revisión de literatura científica y fuentes de referencia, con el propósito de transformar información sanitaria y científica en explicaciones claras, rigurosas, comprensibles y útiles para pacientes, familias y cuidadores.
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    Nombre: Kathleenn Ackermann
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    Formación: Auxiliar de Enfermería • Auxiliar de Farmacia • Estudiante de Terapia Respiratoria у Medicina
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